Diego Rivera

“He llegado a pintar con la misma naturalidad con la que hablaba, respiraba y sudaba.”

Diego Rivera (1886-1957)

Diego Rivera era tan conocido en EE.UU. como el pintor mexicano más importante de la primera mitad del siglo XX, que varias urbes – San Francisco, Detroit, Nueva York – le encargaron el proyecto y la realización de grandes murales. Frescos pintados según el estilo personal de Rivera, consistente de una singular mezcla basada en sus estudios de los frescos renacentistas italianos y de las esculturas precolombinas del “país de los dioses”, y que une la simetría y la estatuaria con una forma narrativa.

Stremmel, K. (2019). Arte Moderno. Taschen, p.322.

Frida Kahlo

Pies para qué los quiero si tengo alas para volar.

Frida Kahlo (1907-1954)

A los seis años de edad, Kahlo se vio aquejada de poliomielitis. Si bien pudo sobreponerse a la enfermedad, le quedó como secuela una cojera en la pierna derecha. Con todo, pudo recuperar la movilidad y las ganas de vivir. En 1925 sufrió un accidente que cambió su vida por completo. En el choque entre un ómnibus y un tranvía, una de las barandillas de metal atravesó el vientre de la joven colegiala y fue poco menos que un milagro que sobreviviera. Diecisiete fracturas óseas, así como diversas lesiones internas de columna y un pie destrozado la ataron durante meses al lecho.

Para escapar de la angustia durante su convalecencia decidió aprender a pintar. Inició así una terapia personal: componía autorretratos con los que sublimaba sobre el lienzo su sufrimiento físico y mental.

Schurian, W. (2019). Arte Moderno. Taschen, p.382.

Amedeo Modigliani

La función del arte es luchar contra la obligación.

Amedeo Modigliani (1884-1920)

La vida de Amedeo Modigliani parece atenerse en sus trágicos detalles a todas las ideas preconcebidas existentes sobre los artistas bohemios: vivió en Paris, fracasó comercialmente como artista pese a despertar admiración entre sus iguales… Cada vez que un mecenas le echaba una mano acababa bebiéndose el dinero. Mantuvo relaciones con infinidad de mujeres, y pintó cuadros que pese a toda su modernidad siempre se centraron en el ser humano. El alcohol acabó pasándole factura y, a los 35 años de edad, Modigliani fallecía víctima de la tuberculosis. Tan solo había podido celebrar una única exposición en solitario, clausurada a las pocas horas bajo la acusación de alteración del orden público. Su arte no se inscribe de pleno en las corrientes de su tiempo.

Eitel, L. (2019). Arte Moderno. Taschen, p.186.

Tiziano

“Un buen pintor solo necesita tres colores: negro, blanco y rojo.”

Tiziano Vecellio di Gregorio (1490-1576)

Ticiano nació en Cadore, en los Alpes meridionales, y se dice que tenía noventa y nueve años cuando murió de la peste. Durante su prolongada existencia llegó a alcanzar una fama que casi igualó a la de Miguel Ángel. Sus primeros biógrafos cuentan asombrados que hasta el emperador Carlos V le hizo el honor de recogerle del suelo un pincel que se le había caído. Puede no parecernos esto muy notable, pero, si tenemos en cuenta las estrictas normas de la corte de aquella época, advertimos que la máxima personificación del poder terreno consideró que debía humillarse simbólicamente ante la majestad del genio.

Gombrich. E. H. (1997). La Historia del Arte. Phaidon, p.331

René Magritte

“No hay respuestas en mis pinturas, solo preguntas”

René Magritte (1898-1967)

La vida del pintor, cuyas apariciones en público desviaban de forma consciente la mirada hacia su auténtica existencia, dedicada exclusivamente al arte, se percibe como un reflejo de su obra, como un espejo de sus cuadros, cuyo verdadero objetivo, a pesar de todas las apariencias de banalidad, es la referencia a algo oculto, la inseguridad frente a lo secreto, la evocación de lo misterioso. Los paisajes de Magritte, que constituyen buena parte de su obra, se centran justo en esta cuestión y en un primer momento dan la impresión de ser más fácilmente comprensibles que los tradicionales. El mismo modo de pintar de Magritte, realista y propio de la pintura de carteles, su manera de componer, clara y sencilla, y su concentración en lo esencial actúan como un lenguaje obvio y sin sentido oculto. Ahora bien, un análisis más detenido revela la ambigüedad de sus hallazgos pictóricos.

Klingsöhr-Leroy, C. (2019). Arte Moderno. Taschen, p.364

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora